Mi paso por la Mediterranean Epic Gran Fondo (110k)
La Mediterranean Epic Gran Fondo no es una marcha más; es ese momento del año donde los nervios en la línea de salida de Oropesa del Mar se mezclan con el olor a salitre y a crema calentadora. Este año tocaba enfrentarse a la distancia de 110 km con unos 1.650 metros de desnivel que, sobre el papel, parecen asequibles, pero que en las piernas de Castellón siempre esconden algo más.
El inicio: El rodar rápido hacia el interior
A las 7:30 de la mañana, con el sol empezando a despuntar sobre el Mediterráneo, se daba la salida. Los primeros kilómetros son una transición rápida dejando atrás la costa para adentrarnos en el corazón de la provincia. Es el momento de buscar una buena grupeta, protegerse del viento y preparar el cuerpo para lo que viene.
Los desafíos: Serratella y Bandereta
Si algo define a esta ruta son sus puertos. La subida a la Serratella es, para mí, el punto donde la marcha se pone seria. Es un puerto para disfrutar de las vistas, pero también para medir las fuerzas. El asfalto rugoso y las pendientes constantes te recuerdan que aquí no se regala nada.
Tras el paso por Albocàsser, donde se separa el recorrido corto del largo, encaramos el Coll de la Bandereta. Aunque las piernas ya empezaban a avisar, coronar este puerto es siempre una victoria personal. El paisaje del interior de
Castellón es espectacular: salvaje, silencioso y exigente.
La recompensa: Meta y «Post-Meta»
El regreso hacia Oropesa fue un vuelo rasante. Ver de nuevo el azul del mar al fondo te da ese último impulso de energía. Cruzar la meta, recibir la medalla y, sobre todo, disfrutar del famoso avituallamiento final con música, comida y el ambiente de la feria del corredor, es lo que hace que ya esté pensando en la edición del año que viene.
Resumen de la jornada:
Distancia: 110 km
Desnivel: ~1.650 m+
Lo mejor: La organización impecable y el ambiente en la zona de meta.
Lo más duro: La Bandetera. Siempre se hace dura. Menudos rampones.
¡Nos vemos en la próxima grupeta!