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ETAPA 2:

El segundo día decidimos subir al Cirque de Troumouse y al de Gavarnie (Col des Tentes), puesto que son carreteras que no tienen tráfico (no son de paso, solo sirven para llegar a la cima); y así evitarnos los vehículos de los domingueros.

 

El día empezó con algunas nubes, pero poco a poco fueron desapareciendo, tampoco hacía calor, fue el día con mejor climatología de los cuatro. Subimos los dos puertos en ese orden, puesto que leí que los tres últimos km de Troumouse eran muy duros, y si lo dejábamos para el final, podía atragantarse bastante.

 

Aparcamos la furgoneta en Gèdre tras más de una hora de viaje, y pasadas las 9h de la mañana arrancamos. Nada más salir del pueblo ya hay unas rampas importantes, así que ni rastro de la tontería de ayer. Desde el primer momento el paisaje es una pasada, todo prado verde y con flores de mil colores, además con sol, un auténtico lujo.

Empezábamos bien

Desde abajo ya apuntaba chulo el panorama

Camino estrecho, sin guardarraíl, lleno de ovejas (marcadas con pintura, unas de rojo y otras de azul, supongo que para identificar a quien votan), vacas por el medio de la carretera, moñigas de vaca por doquier, e incluso Oscar (que mientras nosotros resoplamos, va haciendo crucigramas), vislumbró una marmota que pudimos ver todos. Efectivamente los últimos 3 km eran muy cañeros, doy fe.

 

Arriba hacía fresquillo y algo de aire, y pudimos disfrutar de unas vistas que eran un verdadero espectáculo.

Pocas bicis, pocos coches, pocas motos, muchas vacas

Aprovechando las vistas para la foto

En la cima, barrita de rigor, chubasquero y para abajo a buscar la segunda ascensión del día.

 

La bajada fue chula, pero entre que no había guardarraíl, que estaba llena de vacas y ovejas que cruzaban ignorando nuestra dudosa pericia bajando, y que las moñigas (tanto las inmaculadas como las pisadas por los coches), daban sensación de que eran bastante resbaladizas, pues como que no nos tiramos a lo bestia, fuimos bastante cautos, era la mejor opción si no querías acabar en manos de dentistas y traumatólogos.

 

Una vez abajo, cogimos en el cruce el otro valle y enseguida arrancamos con el Col des Tentes, 17 km para llegar a casi 2.200 metros sobre el nivel del mar. Esta carretera era más ancha, con doble carril y guardarraíl, por lo que al mirar hacia arriba se adivinaba la tortura que nos quedaba por delante. El tráfico era escaso, tanto de coches como de motos, tampoco encontramos muchas bicicletas, nos sorprendió un poco, sobre todo comparado con el año anterior en los Alpes.

 

La subida fue muy constante. Como era habitual, a falta de 2 km para la cima ya se veían taludes de nieve, y bastante agua del deshielo, puesto que Junio levantó el pie subiendo, Oscar y yo tuvimos tiempo de parar a hacernos unas fotos y hacer un poco el moniato en la nieve.

Ya teníamos el hielo, solo faltaba el gin y el tonic

Una autentica pasada el paisaje

Impresionante para ser finales de junio

Arriba tampoco había prácticamente nadie, excepto dos excursionistas que, con evidentes síntomas de ceguera o enajenación transitoria, nos preguntaron en francés si éramos Pogaçar.

La pobre también pedía su momento de gloria

Esta bajada la disfrutamos mucho más, la carretera ancha daba confianza, y aunque las abundantes curvas de herradura no dejaban coger excesiva velocidad a la bicicleta, nos lo pasamos en grande Oscar y yo.

 

Una vez abajo, puesto que no eran horas intempestivas como ayer, paramos en un restaurante y aunque tenían la cocina cerrada, nos pusieron un “assiette” (que por lo visto es típico para ciclistas lentos o no franceses, que no saben que en Francia se come a las 12h), que viene a ser un plato con algo de fiambre, un trozo de tortilla, quesos y algo de lechuga. Absolutamente reparador y salvavidas en algunos casos.

Un auténtico salvavidas

Después, otra horita y pico de furgo, y llegamos a la “maison” a descansar.

El mejor momento del día, cervecita, que el strava nos confirme lo lentos que somos y estudiar el track del día siguiente

ETAPA 3:

El tercer día era el único que tenía una ruta circular, que además contenía 3 puertos que teníamos que superar: el Soulor, el Aubisque y Spandelles, además en este mismo orden porque me lo recomendó así el amigo Pablo Valero que ya estuvieron pedaleando por allí hace unos años.

Ready for next round!!

Dejamos la furgoneta en Argelès-Gazost, y empezamos el Soulor, 7,8 km de subida, que comparado con los monstruos de 17 ó 18 km que habíamos hecho hasta ahora, pensábamos que estaría chupado, por lo que las primeras rampas saliendo del pueblo, las hicimos bastante alegres (dentro de nuestras posibilidades y con las patas de un tercer día de pedaleo), pero cuando empezaron las rampas duras se nos quitó enseguida la alegría, además empezaba a hacer calor, tuvimos que levantar el pie, si no, igual no llegamos ni a coronar el primero de los puertos.

 

Aquí, la primera de las anécdotas del día… A falta de dos km para la cima estaba la carretera cerrada por obras, lo vi también días antes en la web de tráfico francesa, pero miraba el strava y a diario pasaban ciclistas por ahí. Al llegar al punto de corte, unas vallas nos cerraban el camino, otros ciclistas estaban allí parados. Intentamos cruzar las vallas pero uno de los operarios con poco decoro y evidentes aspavientos nos decía desde la lejanía que “fermé”. Teníamos un problema, puesto que al ser la ruta circular, si nos teníamos que volver, se acababa el día sin llegar a la cima ni del primero de los puertos del día. Un desastre.

Route barrée!!

Comité de crisis

En un momento de inspiración endurera Oscar vio que en la parte alta de la ladera de la derecha había una casa, así que muy probablemente habría un camino que conectara la casa con la carretera, por lo que trepar la pared de algo más de metro y medio, pasar por debajo del cerco de alambre de pinchos y subir a “bicicoll” unos 50 metros por entre las hierbas (también había ortigas) para llegar a la casa, era prácticamente la única opción (sin tener la seguridad de que al llegar a la casa así fuera). Junio tuvo su momento dubitativo, dos de los ciclistas que estaban allí parados antes que nosotros eran una pareja de estadounidenses que nos decían que las plantas eran venenosas y no nos compraban la idea. Oscar y yo, hicimos ver que no entendíamos lo que decían (fingimos como bellacos), cogimos las bicis las subimos, y tiramos para arriba. No tuvieron otro remedio que seguirnos. Efectivamente al llegar a la casa había un camino que llevaba a la carretera pasado el tramo de obras, prueba superada. Oscar 1 – USA 0.

Nuestros amigos americanos contentos de salir del atolladero

Por fin llegamos a la cima del Soulor

Superado el primer puerto del día y queriendo recuperar el tiempo perdido nos fuimos enseguida para el Aubisque. Muy bonita también la subida, carretera muy estrecha por un desfiladero de roca. Al llegar arriba están las famosas bicicletas gigantes de hierro (similares a las que tenemos en la Plana de l’ Arc, no tan chulas diría yo), nos hicimos unas fotos, y tuvimos la segunda anécdota del día.

Otro de los típicos recuerdos pirenaicos

Equinos campando a sus anchas

Chulas, impresionantes, enormes… pero las nuestras también

En la cima hay restaurante, entré con los botellines vacíos puesto que el calor apretaba bastante y me había quedado totalmente seco, imposible afrontar el puerto que nos quedaba sin agua. A la entrada, la típica tienda de souvenirs donde había una nevera con bebidas, cogí una botella de 1,5 L de agua, me acerqué al mostrador y me dijeron que valía 5 euros (algo cara, pero comprensible), al ir a pagar me dijeron que solo podía pagar con el móvil (no llevaba efectivo) si compraba mínimo 10 euros. Como además me lo dijeron de forma poco amable, dejé la botella en la nevera, y me metí dentro del restaurante algo (bastante) mosqueado. Vi a un camarero y le pedí “sibuplé” y con cara de lástima, si me podía llenar los botellines, amablemente y con una sonrisa, las cogió y en la misma barra del bar con agua del grifo me rellenó las dos sin querer que le pagara nada, vamos que no le di un abrazo y un beso porque iba empapado en sudor, que si no…

Nada más salir del restaurante, les cuento la historieta a los compis y nos tiramos para abajo en busca del inicio de Spandelles. La larga bajada nos la tuvimos que tirar detrás de una autocaravana, no había manera de adelantar, fue un suplicio, además había muchas curvas con gravilla, puesto que estaban arreglando la carretera, y tampoco era plan de jugársela, así que nos costó una eternidad llegar a Ferrieres, donde arranca el puerto.

 

Debimos llegar a al pie de Spandelles sobre las 13h, el garmin marcaba 34 grados y el sol era de justicia, eran solamente 10 km de subida, pero sostenidos al 10% y sin un solo descanso, nos costó casi una hora la ascensión. Hasta la mitad me pareció con diferencia el más duro de todos los puertos que habíamos subido, tenia todos los ingredientes para que yo pasara un mal rato: tercer puerto del día, pendientes acusadas y constantes, y un calor horroroso! En momentos como estos es cuando me pregunto, por qué nos gusta el ciclismo… Masoquismo, supongo…

A medida que íbamos ganando altura recobré un poco el aire y subía cada vez más cómodo, y tengo que decir que los 2 últimos kilómetros hasta los disfruté. La carretera (más bien camino) era empinada y muy estrecha, las escasas veces que nos cruzábamos con algún ciclista que bajaba, temblábamos por si se nos llevaba por delante. Al final coronamos (a escasos 1.300 metros de altura), sobre las 14h, la sensación de calor ya no era tan asfixiante, pero al poner el pie en el suelo se me quedaba pegado al asfalto por el calor, no me había pasado nunca. Nada más llegar Junio, breve postureo y para abajo.

Ciclista a l’ast

Seguramente el puerto de menos altura y que más duro se hizo

Vistas brutales una vez más

Jaco robando protagonismo

La bajada fue muy larga, con muchos kilómetros y bastante pedaleo, como abajo nos esperaba la furgoneta, dimos lo poco que nos quedaba y nos lo pasamos en grande.

ETAPA 4:

El último día volvía a dar lluvia la previsión meteorológica, por lo que nos reservamos hasta el último momento la decisión de salir o no, ya teníamos suficiente tute en las patas como para pensar en tirarnos el día en el sofá en el caso de que hiciera mal tiempo.

 

Madrugamos como todos los días y estaba muy nublado, pero ni gota, así que lo tuvimos claro… a quemar la poca gasolina que nos quedaba.

 

Nos fuimos con la furgoneta hasta Saint Lary-Soulan, y nos dispusimos a subir Cap de Long, etapa monopuerto, pero que sería la guinda del pastel a cuatro días de ciclismo de alta montaña.

Empezamos bien

No llevábamos ni 3 kilómetros que Oscar pinchó, rápido cambio de cámara cual F1, y para arriba. Prácticamente no hablábamos, fruto del cansancio y de pensar que ya se terminaba la excursión, mi ritmo era más Barreiros que nunca. Junio se descolgó enseguida porque ya nos anticipó que quería subir saboreando el último paisaje, Oscar subió conmigo hasta que se hartó de mi ritmo cochinero y tiró hacia adelante, y yo cual tortuga fatigada, coja y manca, iba trepando como buenamente podía.

 

La subida muy chula, al igual que las anteriores, había una zona de curvas de herradura muy bonita (al bajar paramos en diferentes puntos para hacer fotos de todo tipo). Al llegar arriba a los lagos, el escenario era una auténtica pasada, unas vistas increíbles, una tranquilidad impresionante. Fue la espectacular traca final a un viaje con destino improvisado y con malos augurios desde el principio.

Los famosos “lacets” de Cap de Long

De postal, vamos

En la cima nos hicimos fotos, muchas fotos y más fotos… Pero se estaba poniendo el cielo cada vez más oscuro, si descargaba allí arriba a casi 2.200 metros, como todo apuntaba, podíamos pasarlo mal bajando, así que sin demorarnos en exceso tiramos para abajo, no sin parar en varios puntos a hacer unos últimos retratos de recuerdo.

Cansados pero contentos

Postureo

Más postureo

Y más postureo

Que no decaiga el postureo

Haciendo el moniato mientras se avecinaba una tormenta

Modo Marc Márquez

Otra postal más

Al haber hecho solamente un puerto, nos dio tiempo de buscar un restaurante y comer a una decente hora francesa algo más que una “assiette”.

Sorprendentemente la hamburger no la pidió el americano

Como era el último día allí y además llegamos a casa pronto, decidimos salir a hacer un poco de turismo y cenar en algún restaurante (cosa que no habíamos hecho ningún día).

 

Entre Tarbes y Lourdes, decidimos ir a ver Lourdes supongo que para reforzar nuestra fe (en el ciclismo, claro). Cenamos nada más llegar, puesto que empezaba a llover débilmente, a hora francesa, y después fuimos a dar una vuelta y callejear.

Curioso detalle del negocio que tienen montado

Había bastante ambiente por las calles, en todos los bares se estaba viendo un partido de fútbol, creo que de la selección portuguesa, había empezado ya la Eurocopa, aunque nosotros durante estos días en la más absoluta y voluntaria ignorancia, no lo habíamos estado siguiendo. Éramos más felices mirando y comentando las rutas, los perfiles y el strava.

 

Mientras paseábamos por las calles la lluvia comenzó a caer con más fuerza y decidimos abortar la visita turística y volver para casa a rematar las maletas y prepararlo todo para la vuelta.

FIN:

Sobre las 9 de la mañana del miércoles 19 salíamos de la casa que nos había acogido durante estos cuatro días rumbo a Vilanova, con las patas como palos, pero habiendo disfrutado como niños de una de las cosas que más nos gusta. Finiquitábamos el viaje con unas 6 horas de carretera entre divertidas conversaciones sobre canciones viejunas de Steve Vai y Van Halen.

 

Y hasta aquí el tochorelato de la excursión ciclista de este 2024. Prometí el año pasado que si volvía a hacer una crónica sería más breve, siento no haber podido cumplir. A ver si sale mejor el año que viene.

 

Una lástima no haber podido hacer y compartir el viaje con nuestros amigos Lionnel y Laurent, pero Lionnel se está recuperando y ya está cogiendo fuerzas para el año que viene rematar la aventura que se nos ha quedado pendiente (ya sé que no es necesario, pero recalco la indirecta del inicio, por si acaso).

 

De nuevo, contador a cero de Family Points, y… a partir de hoy… empieza la excursión de 2025!!

 

Salud y pedales.

ENLACES A OTROS ARTÍCULOS:

 

La primera parte del viaje:   4 RUTAS POR ALGUNOS DE LOS PUERTOS MAS MITICOS DE LOS PIRINEOS por Jaime Ostal (PARTE 1 DE 2). Año 2024

4 RUTAS POR ALGUNOS DE LOS PUERTOS MAS MITICOS DE LOS PIRINEOS por Jaime Ostal (PARTE 1 DE 2)

Artículos publicados por JAIME OSTAL en la sección la GRUPETA OPINA del viaje que hicieron por los Alpes en 2023:

6 DIAS POR LOS ALPES FRANCESES por Jaime Ostal (Parte 1 de 2)

 

 

6 DIAS POR LOS ALPES FRANCESES por Jaime Ostal (Parte 2 de 2)

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